A días del inicio del año, no hubo lanzamiento oficial en la capital provincial ni en la Casa de Entre Ríos, espacios que funcionaron como vidriera cultural y turística
Por Vicente Suárez Wollert
La Fiesta Provincial de la Chamarrita se encamina a su 48º aniversario envuelta en silencios. Sin fecha confirmada, sin grilla oficial de artistas y sin un lanzamiento institucional que marque el pulso de lo que vendrá, el evento atraviesa uno de los comienzos de año más desdibujados de su historia reciente. Se sabe, apenas, que se realizará en algún momento de enero. Nada más.
La chamarrita, ese ritmo nacido del trabajo y del río, guarda en su memoria imágenes que hoy parecen lejanas: manos mágicas sometiendo con encanto una guitarra, la cadencia mansa que Aguicho ejecuta, los Hermanos Cuestas que la cantan, don Linares Cardozo que la escribió con palabras de monte y agua. Y un coro popular, alguna vez multitudinario, de obreros vestidos de blanco entonando coplas que eran identidad y pertenencia.
Sin embargo, a días del inicio del año, no hubo lanzamiento oficial ni en la capital provincial ni en la Casa de Entre Ríos, espacios que históricamente funcionaron como vidriera cultural y turística para este tipo de celebraciones. Tampoco se anunció una grilla de artistas convocantes, más allá de la confirmación del 20º Festival de la Chamarrita Inédita, un espacio valioso, pero insuficiente para sostener por sí solo la magnitud simbólica y popular de la Fiesta.
Referentes del ámbito cultural local y provincial expresan su preocupación ante la falta de definiciones. “A casi medio siglo de su inicio, es necesario llevar la Fiesta a un lugar de calidad, acorde a su historia y a su peso cultural”, señalan, advirtiendo además sobre la ausencia de coordinadores idóneos para un espectáculo que requiere planificación, sensibilidad artística y conocimiento profundo del género.
A esta situación se suma un aspecto central: la comunicación institucional. Desde el sector cultural se remarca que la Coordinación de Cultura debe establecer canales claros, oficiales y sostenidos de información. La difusión de datos parciales o anuncios aislados mediante publicaciones improvisadas en medios no oficiales no solo genera confusión, sino que debilita la credibilidad del evento y afecta su proyección provincial.

La gravedad del escenario se profundiza si se tiene en cuenta que la Fiesta Provincial de la Chamarrita de Santa Elena fue declarada en 2024 Patrimonio Histórico Cultural Intangible de la provincia de Entre Ríos. Esta distinción no es solo honorífica: implica responsabilidades concretas en términos de preservación, promoción, planificación y comunicación acorde a su jerarquía patrimonial.
La Fiesta no es un evento más del calendario estival. Es patrimonio vivo, memoria colectiva y una expresión que identifica a Santa Elena y a Entre Ríos dentro y fuera de la provincia. Por eso, la falta de anuncios formales, el escaso diálogo con artistas y gestores culturales y una comunicación desordenada generan inquietud en quienes entienden que la chamarrita necesita cuidado, proyección y respeto institucional.
En este escenario, la Fiesta parece avanzar con lo puesto: el esfuerzo de artistas locales de enorme valor, la participación de escuelas de danza y músicos comprometidos con la tradición, pero sin números convocantes que amplíen el alcance y permitan recuperar el carácter provincial y turístico que supo tener el encuentro.
No se trata de oponer lo local a lo consagrado, sino de comprender que una celebración de esta envergadura requiere equilibrio. La promoción de nuevos talentos debe convivir con figuras que atraigan público, medios y visibilidad, garantizando así la sustentabilidad cultural y económica del evento.
La chamarrita no necesita artificios, pero sí decisiones claras. Necesita planificación, gestión cultural profesional y una estrategia comunicacional acorde a su condición patrimonial. A medida que enero avance, la 48º Fiesta Provincial de la Chamarrita camina, casi en silencio, hacia su aniversario, sostenida por la tradición, pero interpelando a quienes tienen la responsabilidad de no dejarla a la deriva.
Porque la chamarrita no es solo música. Es identidad, historia y patrimonio. Y el patrimonio no se improvisa.
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